jueves, 15 de septiembre de 2016

Ana María Chouhy Aguirre. Los días perdidos. Recuerdos de otros días.


Ana María Chouhy Aguirre.
 “Los días perdidos”
Recuerdos de otros días.






SIENTO QUE NADA EXISTE…
Siento que nada existe puesto que tú te has ido
y quién sabe qué gentes retendrán tus miradas,
cada día más lejos cuando ya ni te acuerdes
yo buscaré tu imagen entre las verdes plantas.

Mi amor crece muy solo mientras pasan los días
y tu alma tan grande frente a la mía pasa.
El destino separa tu mano de mi mano;
tengo mis dulces ojos arrasados en lágrimas.



FATIGADA DE CUANTO…
Fatigada de cuanto es triste bajo el cielo
sobre tu rostro vengo a detenerme apenas,
como un pájaro errante solo y desfallecido
alcanza en un jardín una fuente de piedra.

Cómo mi alma descansa si te evoco, amor mío,
y al mismo tiempo llora su apasionada queja;
partir de nuevo al aire lejos de ti, parece
que es estar separada del aire y de la hierba.



AY, EL AMOR ES TRISTE…
Ay, el amor es triste, la juventud es triste,
todo lo que es hermoso se cubre de tristeza.
¡Oh! Luz más pura que las luces del crepúsculo,
desciende sobre mí, suave como la hierba.

Recuerdo los lejanos días en que me amabas
en los jardines donde habíamos crecido,
Tantas nubes errantes llevaron nuestros sueños
hasta la tierra llena de jazmines caídos.



CANCIÓN
Saludé a la flor de la campiña
porque era triste y joven como yo,
ella lloraba porque no era niña
y yo lloraba porque no era flor.

Y yo lloraba porque no era flor.

La hierba clara me cantó al oído:
sobre mi pecho puedes descansar,
mi corazón le dijo: no he vivido,
queda un largo sendero por andar.

Queda un largo sendero por andar.

Convertidas en polvo del camino
la misma flor y hierba han de decir:
ha sido más feliz nuestro destino
cuando vuelva a mis lares a morir.

Cuando vuelva a mis lares a morir.



SOLEDAD
Soledad de las horas prolongadas
cómo se siente sola el alma mía,
cómo ruedan sin sangre, desgarradas,
las viejas ilusiones de mi vida.

Lo que soñé y ambicioné hace tiempo,
mis días de pasión y de ternura,
¡qué lejanos parecen! ya no siento
más que el rugido de una mar oscura.

Hay en mi corazón un gran vacío
y la presencia de un sutil tormento,
a veces tengo miedo y siento frío;
el viaje humano es demasiado lento.



CADA HORA
Cada hora retiene su amargura.
En las horas de gracia y de alegría
ha de llegar al fin nuestra tortura,
nadie se va sin ella de la vida.

Cada hora de dicha vendrá luego
bajo una forma transformada y nueva,
no es ajeno al dolor el loco juego
con que el destino nos golpea y prueba.

Y al final ¿qué nos queda entre las manos?
de una existencia bella y esperada,
sólo ceniza de los años vanos
que murieron en flor no madurada.



CANCIONCITA PARA EL OIDO DE MI NIÑO
Cuando quedemos solos,
cuando nadie nos vea,
susurraré en tu oído
estas palabras tiernas.

Dentro de muchos años,
cuando yo sea vieja,
iremos, vida mía,
a recorrer la tierra.

Tú has de mostrarme todo,
la paloma y la estrella,
que vista por tus ojos
parecerá más bella.

Iremos en un barco
que tenga una gran vela
y que forje en el agua
una espumosa estela.

Yo lo miraré todo
con esperanza nueva
y como si el paisaje
recién amaneciera.

Miraremos al pájaro,
miraremos la hierba,
miraremos las nubes,
en la tarde serena.

Nos dirá su secreto
la silenciosa piedra
y aprenderemos todo
como niños de escuela.

Yo aspiraré el perfume
de la rosa ligera
que nace en el suspiro
de cada primavera.

Tu lavarás tus manos
con esa savia buena
que el hombre noble halla
en la naturaleza

Y cuando se fatigue
nuestra ansia viajera
yo traeré algún recuerdo
que ya huye y se aleja.

¡Y qué dicha tan grande!
reclinar mi cabeza
entre tus manos fuertes
de esperada tibieza.

He de sentirte, niño,
una esperanza cierta
que ha colmado mi vida
de paz y de belleza.



¡OH! JUVENTUD
¡Oh! Juventud que se asomara ardiente
al borde de la luz con todo el viento
y el agua sobre el pecho y los deseos
como una flor abierta, sonriendo.

¡Oh! errantes por los campos y los montes
con caballos salvajes que corrían
del largo río el impetuoso curso
en el que luego todo se perdía.

¿Quién sostendría tus floridos ramos
de laurel? Ah, con manos fatigadas
¿quién los livianos arcos, las columnas?
el pelo suelto, el sol sobre la cara.

Si todo está, espíritu, perdido,
días hermosos de verano quedan
como vagos suspiros, tristes hojas
que el tiempo pierde y el amor acerca.

¡Oh! jóvenes felices, os envuelve
la deslumbrante llama y el encanto,
¡ah! los cuerpos desnudos en la hierba,
lo que está vivo y tiembla como un arco.



CASTA Y DESNUDA VOZ…
Casta y desnuda voz aquella
en la pureza de la tarde,
en soledad y en armonía
con la existencia y el paisaje.

Si la palabra se derrama
desde mi boca, está la tarde
que la recoge y que la guarda
hasta que crece y ¡ay! se abre

¡Oh! la palabra despertada
en la pureza de la tarde,
casta y desnuda voz de tierra
maravillosas soledades.



MARINERO EN TIERRA
                                                                     A Rafael Alberti

Lejos del mar, de su mar,
está el marinero en tierra,
por aguas rojas de sangre
va su barca carbonera
sin mástil y sin paisaje
para clavar su bandera
adonde marchará el hijo
de la tierra marinera.
Pero tiene nervio y alma
al viento como una vela,
hombre de Santa María
novio de la panadera.
Cómo quisiera esperar
el que este puerto le diera
“la blusa azul ultramar
y la cinta milagrera”.



LA HOJA
Cuando las hojas caen
el árbol no solloza,
con un ruido tan leve
se desprende la hoja.

Yo las miro en el parque
al final del estío
y mi alma de niña
se estremece de frío.

Porque la hoja lleva
un pensamiento alado,
un pensamiento hermoso
que nunca fue escuchado.

Desde el cielo a la tierra
vuelo del ángel malo
soledad de los hombres
sin campo y sin verano.

Camino del que busca
para dormir, la tierra;
es el hijo que vuelve
es la ley más que eterna.

Hoja de otoño muerta
de corazón dorado,
mi juventud sombría
va llorando a su lado.



CON EL OTOÑO MUERO
¡Con el otoño muero, y tú, amor, canta!
Oh, permitid antes que todo calle
que entre las mil hojas amarillas
surja el coro dulcísimo.

Con voces deslumbrantes de hermosura
por los que unidos en el tiempo eterno
se parecen a dioses juveniles
que la tierra detiene.

Canta también ¡oh! canta para siempre
los infinitos cuerpos que has perdido
y desfallecen solos separados
de tu inmortal aliento.

Que todo el aire vibre ya de amor,
oh triste amor, como los pensamientos,
amor alegre que nació en la hierba,
amor, amor eterno.

En el otoño expiro en este parque
donde el laurel se incendia y se deshace,
¡oh! espíritu suave y todo el tiempo
por ti muera un instante.



POEMA DE LA ADOLESCENCIA
¡Ah! corazón del hombre lacerado de tristeza
desde hace siglos ya y junto al mar desconocido
y con sólo una voz entre los vientos que descienden
bajo las hojas tiernas, verdecidas del estío.
Está todo naciendo de la muerte, solo y nuevo
desde los huecos grises tras mis párpados cerrados
como la luna fría y descarnada que aparece
y los pétalos quietos de la rosa deshojados.
Y los barcos de humo navegaron en las olas
de un mar celeste y puro sobre ramas de pinares
por donde va la infancia de los sueños que se alejan
hacia los altos muros de dolor interminables.
Luego sentí corrientes derramadas que venían
hasta toda mi sangre por mi alma y mi ternura
para que amara y viera las cosas que están creadas
con un llanto inicial desde la flor a raíz oscura.
Era la juventud que me envolvía como un río
yo dije: -¡qué bonita está la rama del manzano!-
y se asomó la hierba rumorosa hasta la tierra
y se voló la brisa amanecida del verano.
Era el vuelo de pájaros que están locos y libres
girando, ay,  por las nubes calladas y los cielos
sobre la tierra sin heridas y sobre las colinas
y junto a las ciudades de los hombres prisioneros.
Y la voz de las aguas extendidas por los valles
y los árboles viejos con sus brazos florecidos
temblando en el ocaso con ternura infinita
sobre los campos largos, silenciosos y dormidos.
Eso lo resguardaré bajo el asombro de mis ojos
hasta la tarde clara y misteriosa que vendría
a traerme el destino tan triste que me dieron
y que ya ciegamente por mis venas descendía.
Como si no estuviera todo gris, envejecido,
y ardiera una vez más desde mi mano apasionada,
porque era el mundo mío que se alzaba bajo el cielo
y yo estaba sonriendo ante la luz, enamorada.



CAMBIO
He soñado en la noche con nueva poesía
no ya aquel monocorde latir de roca fría.

Lejos de un dolor viejo que ha dejado mi verso
como espaldas de niño, curvadas de universo.

Poesía de carne para que viva y muera
como la vida humana así perecedera.

Llena de savia nueva tan extraña y nerviosa
que aspire sin tormento la perfumada rosa.

Y a su contacto suave, voluptuoso y caliente,
tiemble la sangre joven como una llama ardiente.



LA PALABRA
Qué tormento tan hondo
recoger la palabra
limpiarla de su sangre
y que no quede exhausta.

Borrarle los colores
sin que parezca pálida,
y devolverla al viento
que la lleva en su espalda.


(ANA MARÍA CHOUHY AGUIRRE nació en Lomas de Zamora el 15 de febrero de 1918, y murió en Adrogué el 28 de abril de 1945. Lo que aquí presento es parte de “LOS DÍAS PERDIDOS” libro publicado luego de su fallecimiento, que contiene escritos seleccionados desde 1938 hasta poco antes de su muerte)



María Florencia Milani.










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